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A menudo relacionamos el vudú con muñecos pinchados con alfileres y diversos ritos incluso satánicos, pero ¿somos realmente conscientes de qué es el vudú?

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El vudú es una religión que se originó a partir de las creencias que poseían los pueblos que fueron trasladados como esclavos desde el África Occidental, del contacto de estas creencias con la religión cristiana católica propia de los países a donde fueron trasladados. Se trata de una variante teísta (que cree en deidades o dioses) de un sistema animista (que establece que los objetos y los elementos naturales tiene un alma), provisto de un fuerte componente mágico. Por su vinculación directa con la cosmología y los sistemas de creencias neolíticos, su estudio resulta de gran interés en el campo de la paleoantropología. El vudú se encuentra entre las religiones más antiguas del mundo. 

 

Podemos afirmar pues que nos encontramos ante una religión que se convirtió en un pilar básico dentro de la vida de los esclavos, a lo que se atenía en momentos de crisis.Para sobrevivir, el vudú también adoptó muchos elementos del cristianismo ya que la mayoría de los esclavos fueron cristianizados a la fuerza. Así fue como sus espíritus a menudo tomaron el nombre y algunos de los atributos de los santos cristianos. 

En general, en el vudú se considera que existe una entidad sobrenatural última, llamada de diversas maneras, siendo las más habituales Bondye o Mawu, regente del mundo sobrenatural, pero ésta es inaccesible y permanece ajena al mundo de los humanos, por lo que la comunicación con ese mundo sobrenatural ha de llevarse a cabo a través de los numerosos loas (el Barón Samedi, la Maman Brigitte, Damballa, etc), entidades también sobrenaturales que actúan como deidades intermediarias y que conforman de hecho el eje central del vudú.

Si bien no existe una estructura religiosa homogénea, un sacerdote vudú tiene la función de ponerse en contacto con los loas invocados, hablando el loa a través de él, por lo que se atribuye a los sacerdotes un gran poder, y recibe genéricamente el nombre de houngan, o si se trata de una mujer, mambo. El término bokor se reserva para un houngan que usa su poder para el mal, sería asimilable al vocablo "brujo". 

Los loa serían el equivalente a los ángeles cristianos, pero con una interacción directa con los sacerdotes, y sirven como mediadores entre los mundos. De entre los Loa destacan:

 

  • Papa Legba : Mediador entre vivos y espíritus.
  • Barón Samedi: Dios tanto de la muerte como del sexo violento y el sadomasoquismo. Es el equivalente a la parca y destaca su sabiduría y obscenidad.
  • Damballa: Representación de lo masculino. De los más antiguos Loa, se representa con una serpiente y es el equivalente a la figura de la serpete dentro de la simbología cristiana.
  • Mamman Brigitte :Representa la Vida y la Muerte. Esposa de Barón Samedi es a menudo representada con los ojos vendados harta de tanta infidelidad. Representa el feminismo y la no necesidad de los hombres, en ocasiones es representada frotándose los genitales con pimientos picantes insinuado que los hombres no son necesarios ni siquiera para el sexo

 

El ritual del vudú es sencillo y sangriento a la vez: se invoca a los loa a través de un baile frenético al son de tambores y cánticos, a la espera de que algún espíritu menor posea a los asistentes. El ritual se realiza generalmente los sábados por la noche en donde ofician de sacerdotes y sacerdotisas. Ellos son los encargados de dibujar en el suelo los veves o símbolos mágicos y de iniciar las libaciones propiciatorias.

Cada Loa tiene su veve característico, que debe ser dibujado en el suelo con una sustancia en polvo, preferiblemente una mezcla entre harina de maíz y ceniza de madera. Estos veves son una representación que mezcla la cosmología y el mapa estral con alguna simbología étnica y elementos básicos comunes entre los veves. Según la creencia, al ser una representación del cielo los Loa se ven atraídos a descender al mundo de los mortales.

El primer Loa con el que hay que contactar directamente es “Papa Legba”, que no es un Loa cualquiera, sino un “Guede”, es decir, protector del mundo espiritual, y es el encargado de intermediar y establecer las comunicaciones y el mundo de los espíritus (Guinee). 

Todo el ritual del vudú se encamina a ganar el favor de los Loa, quienes se dignan a poseer a los fieles y concederles deseo de prosperidad, cura o destrucción de los enemigos. El ritual debe necesariamente finalizar con una muerte, en la mayoría de los casos de gallinas o un cabrito, lo que lo emparenta con el brujeril sacrificio del macho cabrío. Se ha acusado a los practicantes de realizar sacrificios humanos, pero salvo que éstos se lleven a cabo en el más estricto secreto, la acusación puede ser un prejuicio. La señal de que los loa se han apoderado de los peticionantes es cuando éstos comienzan a bailar frenéticamente, lanzar alaridos y balbucear. En general, presupone que los loa han aceptado las peticiones.

 

Muchos antropólogos coinciden en denominar al vudú como “la religión de los miserables”, y es que desde sus inicios la relevancia de esta religión, aparentemente sólo de unos pueblos aislados de África, comenzó a extenderse entre toda la población reprimida y esclavista. Podemos ver como el vudú se extiende con una aceptación pasmosa entre todos los esclavos de la época colonial, y es que tiene los elementos perfectos para que esto ocurra.

El vudú, al contrario del cristianismo que adquiere una fuerza especial entre las élites, es la religión de los pobres, de los que lo han perdido todo. Dentro del vudú no se distinguen élites, altos directivos ni ningún reglamento estricto que jerarquice la vida de la gente, sino que hay una serie de creencias usadas como herramienta para sobrellevar una realidad que a cada día parecía ser más dura. Todo esto podemos apreciarlo por ejemplo en los Loas a los que adoran. Mamman Brigitte representa el feminismo máximo, pero no a modo de reivindicación, sino de protección. Las mujeres que se sienten infravaloradas le rezan a lo idílico de sus situación, a una igualdad inalcanzable, a una osadía inaceptable.

El vudú es una religión que podría ser descrita como consciente. La comunidad ti

ene un papel importantísimo, pues al margen de adorar al dios Bondye, lo que se busca es reencontrarse con los antepasados y tener una vida de paz en el mundo de sus raíces, mundo que la sociedad les negó. El mundo es como un valle de lágrimas, una etapa intermedia. Y no estamos hablando de tópicos cristianos pertenecientes a la edad media, estamos hablando de la actualidad. Esta parece ser la creencia base de todas las poblaciones en desgracia. Aceptan su destino, no intentan mejorarlo, pero aspiran a más.

Con el terremoto de Haití del 2010, la religión volvió a focalizarse en la vida de unos ciudadanos que en ese momento alcanzaron el límite de la pobreza. En un país que les dió las espalda en el que todavía una élite del 4% cristiana tiene el 67% de las tierras, a pesar de todos los impedimentos indirectos, de que en un momento su dictador (François Duvalier en aquel entonces) se disfrazara de Barón Samedí para llevar a cabo una sangrienta masacre, todos los vuduistas mantienen su creencia. El vudú podría decirse que es la creencia cuando ya no queda nada para creer.

Lo que le faltaba a toda esta gente, a esta comunidad es que se les ridiculice como se está haciendo. En cualquier tienda de bromas encontramos diversos fetiches de rituales vudú en una siniestra caricatura y a niños jugando con ellos, películas en las que las invocaciones no son más que un chiste para asustar a los jóvenes, y  falsas conspiraciones que relacionan esta religión con el satanismo más extremo. ¿Es esto aceptable? ¿Podemos reirnos a la cara de toda esta gente sin conocimiento alguno? ¿Somos realmente conscientes del papel de la Iglesia en todo esto?

 

Al margen de Iglesias e instituciones varias, resulta obvio y casi necesario el conocer la situación de todos estos creyentes. Miles de personas son infravaloradas e incluso ridiculizadas por la mera desinformación de la gente. No llamo hacia la reconversión a esta religión pero si hacia su respeto.

 

 

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